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martes, 17 de julio de 2007

Noche de cabaret: Aventurera en el Teatro Blanquita

En la explanada del teatro Blanquita sobre el Eje Central, poco antes de las 6 de la tarde, cientos de personas esperan bajo una ligera lluvia. Unos llegaron en carro, otros caminando o en metro. Pero todos con ganas de vivir una noche de nostalgia y romance, una noche de cabaret, en fin, una noche de Aventurera.

A las 6:30 p.m. comienza la entrada al teatro, poco a poco los murmullos inundan la periferia del escenario, que ha sido adaptado especialmente para la ocasión con una pasarela que cruza hasta una de las salidas de emergencia que a su vez, tiene conexión con los camerinos.

“No olvide comprar su disco y su boleto para la foto con su artista preferido, ésta es la primera llamada”, señal para que la orquesta toque, mientras que en la parte de atrás del teatro algunas parejas se levantan a bailar el mambo.

Con la segunda llamada, comienza la variedad, Lisia Suárez deleita a la concurrencia con “Por amor”.

“Ésta es la tercera llamada, tercera ¡comenzamos!”, un breve silencio invade el lugar, se apagan las luces y los que han llegado tarde aprovechan para acomodarse rápidamente en sus asientos. De repente “uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, maaaaambo ¡uh!” los bailarines rodean la pasarela, las plumas de colores llamativos, las lentejuelas, y la coreografía llevan a la audiencia de la mano a otra época. El escenario del Blanquita ha dejado de serlo para convertirse en el centro de entretenimiento nocturno “El Cumbala”.

Al terminar el despliegue de luces y colores comienza la historia de Elena Tejeros (Edith González), quien descubre que la vida no es lo que pensaba cuando la traición de su madre destruye a su familia.

La música guiará cada momento de la vida de Elena a partir de ahora, con un danzón conocemos al causante de su perdición, Lucio el Guapo (Juan Ferrara). Con un mambo a la Bugambilia (Javier Ortiz) el héroe de dos caras que tratará de salvar a Aventurera de sí misma. Con “Zongo le dio a Borondongo” hace su aparición Rosaura (Carmen Salinas), verdugo de la protagonista. Con “Virgen de media noche” el Comandante Treviño (Ernesto Gómez Cruz) termina con la poca inocencia que quedaba en ella.

De pronto con el ocasional chiste, el lenguaje picaresco y el sketch de Carmen Salinas se rompe el drama y el público, por medio de risas, gritos y silbidos se hace presente de manera singular. Los actores y bailarines caminan entre los asientos creando un lazo con la audiencia que se nota en las miradas atentas.
En ese mundo cabaretero del que ahora todos forman parte, Elena decide tocar fondo y cobrarse todo el dolor y la amargura que lleva dentro. Las coreografías mantienen el atractivo visual de la obra, la sensual Aventurera, la controvertida Bugambilia, y hasta las inevitables muertes, son motivo de baile.

Por medio de los acordes de la Orquesta de Chuy Millan se recorre de Chihuahua a Ciudad Juárez de ahí al DF y a Guadalajara, al ritmo de “Taxi Libre, Libre Taxi” y “Maletero suba las maletas, suba las maletas que nos vamos ya”.

Con la interpretación de Bugambilia “Señora te llaman, señora y eres más pérdida que las que se venden por necesidad” parece que el final está cerca, la noche termina y Aventurera tendrá que escoger entre la vida nocturna y el amor verdadero.

Las miradas atentas al escenario, Rosaura Servera cerrará la noche con broche de oro, “Vende caro tu amor, Aventurera” mientras las parejas mayores se abrazan, “dale el precio del dolor, a tu pasado”, Elena se aleja lentamente al decidirse su destino “y aquel que de tu boca la miel quiera que pague con brillantes tu pecado”.

Las luces se encienden, los actores salen una vez más a despedirse del público, el teatro Blanquita se convierte de nuevo en un escenario. La noche de cabaret ha terminado, los aplausos se apagan, pero la voz en el micrófono aprovecha para recordar “no olvide comprar su disco original de la obra que pasarán a vender a sus lugares, y no deje de tomarse la foto con su actor favorito”.

XXIX Marcha del Orgullo Gay

La circulación en la Avenida Paseo de la Reforma fue interrumpida para dar paso a los disfraces, los tráilers y los colores arcoiris de la XXIX Marcha del Orgullo Gay. A las 11 a.m. del sábado 30 de junio del 2007 (una hora antes de lo planeado) lesbianas, gays, bisexuales y transexuales se dieron cita en el Ángel de la Independencia.

En el trailer del Hibrido (un antro en de la Zona Rosa) comenzaron los bailes, las porras y los gritos de “viva la diversidad” con el fin de exaltar el animo de los asistentes. Conforme pasaba el tiempo la gente se seguía acumulando y la desorganización se hacía evidente, los contingentes se revolvieron y la reina del año anterior, Rocío Banquells, estaba “perdida en la multitud”.

Pasadas las 12:00 p.m. el presentador hizo un alto “al desmadre, vamos a explicar las razones que motivan a la comunidad gay a manifestarse” (por fin, gritar “viva la diversidad” parecía un poco redundante con tanta bandera arcoiris enfrente, atrás, a un lado y al otro). El lema de la marcha Nombrando realidades, cambiando sociedades era una celebración por la Ley de sociedades de convivencia “por supuesto aún falta mucho la lucha gay sigue, ¡Viva la diversidad!” (¿Otra vez?, ¿nada más?).

Alrededor de la 1:30, Rocío Banquells hizo acto de presencia cantó un par de canciones y dio banderazo de inicio. “!Las lesbianas ya se adelantaron¡” se escuchó decir a un organizador. Los transexuales debían ser el primer contingente, la principal demanda era de ellos, derecho al reconocimiento de su identidad, su consigna “no son ilegal soy transexual”.

Mientras los contingentes universitarios, la asociación de padres y madres de gays y lesbianas, mujeres de acero, etc., desfilaban con pancartas como “la homosexualidad no es un delito, la homofobia si” o “es un honor tener un hijo gay”, entre otros, el centro de atención eran los disfraces de las “vestidas”, las Fridas, las Norbertas Ribera, los/las ángeles, las colegialas, las princesas, los transexuales desnudos, los carros con propaganda, etc.

El poder de convocatoria de la marcha era evidente, porque al alcanzar la Avenida Juárez aún había gente en el Ángel. Sin embargo, algunas de las consignas no eran claras, y en ocasiones los gritos parecían más destinados a llamar la atención que a hacer publicas las demandas de la comunidad LGBT.

Atrás se encontraban los trailers, llenos de muchachos bailando la música de siempre (ósea la electrónica ya conocida en los antros gay), tomando como siempre, y promocionando los ya grandes emporios del esparcimiento gay en la Zona Rosa: Cabaretito (en todas sus presentaciones), Lipstick y Living, entre otros.

Alrededor de las 4:00 la marcha llegó a la plancha del Zócalo, donde se encontraba un escenario en el que ya comenzaba a tocar la segunda banda (la primera tocó a eso de las tres con poco público) Neurotika. Aún a la espera de la mayoría de los asistentes el cantante hacía bromas relacionadas con los simpatizantes de López Obrador: “nomás no me vayan a maltratar los amplificadores, que nos los prestaron los de aquí enfrente y los van a usar mañana”.

A Neurotika, le siguieron las actuaciones de XEM y Fabrizzio (de la Academia). A eso de las 5:00 p.m., la variedad musical fue interrumpida para que Kin Castañeda, del comité organizador del evento, leyera el documento político de la marcha, en el escenario se encontraban un representante de la Comisión Nacional de Derechos Humanos del Distrito Federal, la Lic. Patricia Velásquez, que asistió en representación del Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard, el Diputado perredista Lic. José Alfonso Suárez Del Real y la Diputada Leticia Quezada Contreras presidenta de la asamblea de Equidad y Género en la Asamblea Legislativa del D.F.

Se recordó la historia e importancia de la marcha para lucha del colectivo LGBT ante las miradas de menos de la cuarta parte de los concurrentes. ¿Y los demás?... En el desmadre, bebiendo, en algunos casos ligando o bailando. A medio discurso llegaban al Zócalo los atractivos traileres, el primero fue el del Hibrido, seguido de los Cabaretitos y Lipstick (el del Living se perdió o algo porque nunca llegó). La propaganda parecía aparecer de todos lados, los volantes se acumulaban en las manos de mirones y manifestantes, unos para las fiestas de esa noche, otros de tiendas o bares y un par de asociaciones o grupos LGBT.

¿Y en el escenario?… una nerviosa Kin continuaba leyendo de manera poco fluida las demandas dirigidas a problemas importantes de la comunidad gay. Se dirigía en específico a los representantes del Estado mientras volteaba de reojo a ver al poco público que escuchaba y aplaudía a cada demanda. Al terminar el discurso hizo entrega del documento a la representante de Marcelo Ebrard.


En la parte de atrás la fiesta seguía, las demandas parecieron pasar desapercibidas ante el barullo y la algarabía de los festejos. La despedida de los presentes de los políticos fue rápida y las actuaciones se reanudaron de inmediato.

La concentración en el Zócalo fue disminuyendo a partir de las 7 p.m. Sin embargo, el festival siguió hasta casi las 10. La marcha llegó a su fin, la fiesta no tanto, después del Zócalo había antros dispuestos a seguirla (con su respectivo cover claro).